martes, 5 de diciembre de 2023

De fusiones y metales: tras el sonido del rock en Cuba (I) (+Fotos)

La proximidad del Brutal Fest Metal 2012, dedicado a los cultores del rock duro en la Isla, resulta un buen pretexto para aproximarnos a la influencia del género en la música antillana...

Carol Muñoz Nieves en Exclusivo 17/08/2012
0 comentarios
Festival Brutal Fest Metal 2012
Logo del Festival Brutal Fest Metal 2012

Realizadores y aficionados a las vertientes más duras de la música rock en Cuba atienden por estos días a una nueva edición del Brutal Fest Metal, importante encuentro dedicado al género en la Isla que tendrá escenarios en varias provincias del 16 al 26 de agosto.

En la cita confluyen numerosas agrupaciones oriundas y siete bandas extranjeras, en su mayoría cultivadoras del heavy metal, trash, black y death metal.

Estas tendencias constituyen, tal vez por estereotipos culturales, las formas más comúnmente asociadas a la impronta del rock en los artistas del patio.

No obstante, como reconoce la musicóloga cubana Liliana González, este tipo de música ha marcado también múltiples creaciones isleñas asociadas a la cancionística, el son, el jazz, y la música contemporánea de concierto.

Las primeras incursiones de los isleños en la manifestación se identifican en los años ‘50 del siglo XX, cuando varias bandas comenzaron a incluir temas de rock en su repertorio, generalmente imitando al fenómeno Elvis Presley.

Agrupaciones como el cuarteto Llópiz Dulzaides, Los Armónicos y los Hot Rockers gozaron de renombre nacional, trabajando números propios a la par que composiciones de otros artistas, o ‘covers’.

Sin embargo, poco después del triunfo revolucionario, la desacertada implementación de las políticas culturales produjo ojerizas sobre la creación y consumo del rock, prejuicios que argumentaban el país de origen del género y el idioma predominante en esas producciones.

Aunque la inmovilización del rock como política oficial no duró mucho -en 1966 se radió por vez primera un tema de The Beatles-, expertos reunidos en el VII Congreso de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular, coincidieron en que el descongelamiento fue lento y los recelos tardaron en desaparecer.

Ha tomado tiempo deshacer esquemas que marcaron la realización y consumo de rock como algo marginal, sobre todo en sus vertientes más duras, consideraron esos especialistas, congregados en la Casa de las Américas en 2006.

ENTRE MIMETISMOS E INNOVACIONES

Durante las décadas del ‘60 al ‘80, el rock hecho en Cuba atravesó etapas de mimetismos con respecto a la producción foránea, pero también de reapropiaciones e hibridaciones que harían posible luego el panorama amplio y cualitativamente diverso que se observa hoy.

Hasta 1980, proliferaron sesenta y siete intérpretes de rock a lo largo de casi todo el país, entre los cuales resaltaron Dino y Freddy, Eddy Torres, Ulises Russell, Germán García, Cristóbal Puga (Dany Puga) y Luis Bravo, así como bandas como Los Dada, Los Kent y Almas Vertiginosas.

A juicio de Liliana González, analista del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, esos cultores trabajaron con un evidente mimetismo al intentar suplir la escasa difusión de la música extranjera, por lo que continuó siendo frecuente la interpretación de ‘covers’ y la utilización de ‘hits’ impuestos por los grupos foráneos para darse a conocer en el contexto nacional.

Carlos Fornés, director del programa de radio Sabarock, considera que tal escenario fue consecuencia también de la implementación de las políticas culturales con respecto al género, y de la oposición creada entre música nacional y música rock. Ello impulsó el cultivo mimético de las realizaciones extranjeras y, en un sentido negativo, desaceleró procesos de fusión y de cristalización de un sonido cubano en el rock.

Independientemente de las dificultades sistémicas, en el decenio posterior a 1990 resurgió un movimiento creativo que aglutinó a más de sesenta bandas y cantautores en solitario, con un número creciente de producciones originales y una gran variedad de estilos: rock experimental, alternativo, progresivo, rock pop, fusión, punk, rock acústico y, con mayor énfasis, heavy metal.

En las vertientes más duras, aumentaron los repertorios parciales o totales en idioma español, si bien ha continuado el predominio textual del idioma inglés.

En cuanto a los temas abordados, éstos comenzaron a tipificarse con respecto a los contenidos foráneos. Se ocuparon amplias temáticas, desde la liturgia afrocubana y cristiana hasta la crónica social de la cotidianidad del país, las potencialidades del individuo y el humor que caracteriza al cubano al enfrentar sus problemas sociales y materiales; según detalla Liliana González en su artículo “Rock en Cuba: juicio, hibridación y permanencia”.

En ese aumento de los representantes y estilos del género, continuo hasta hoy, la experta enfatiza la labor de instituciones promotoras como la Asociación de artistas aficionados Hermanos Saínz, y, más recientemente, de la Agencia Cubana del Rock; así como las importantes autogestiones de los propios cultores para insertarse en el mercado.

EXPERIMENTOS MEMORABLES

Como ocurrió en otras latitudes, la inserción del rock en el quehacer musical endógeno no se ciñó únicamente a las creaciones más típicas.

A finales del decenio de 1960, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI) incursionó con varias sonoridades, entre ellas el rock, para convertirse en una escuela de técnicas, fusiones y mezclas atrevidas a favor de intereses estéticos nacionales.

La asesoría de pedagogos de la talla de Leo Brouwer tuvo un papel esencial desde el punto de vista no sólo artístico, sino también axiológico, tal y como expone el crítico y realizador cubano Guille Vilar: “en el memorable Concierto de Bach a los Beatles, [Leo] expresó que los Beatles eran unos clásicos de la música popular de la segunda mitad del siglo XX […] con su característico desenfado, también habló de Jimi Hendrix y de Emerson, Lake and Palmer, sin imaginarse todavía hoy, hasta dónde influyó el alcance de estas palabras en muchos de nosotros. ¡Cuánto necesitábamos escuchar en la voz de uno de los nuestros intelectuales de mayor prestigio que la dimensión de Hendrix como extraordinario guitarrista de rock iba mucho más allá que su extravagante hábito de tocar la guitarra con los dientes y que Emerson, Lake and Palmer constituye un eslabón clave en la evolución del rock sinfónico! Y Leo Brouwer, sin lugar a duda, fue el primero en el contexto cultural cubano que se manifestara públicamente con toda propiedad acerca de la obra de estas leyendas de la música rock.”

Entre otros resultados originales, pero efímeros, de la experimentación, estuvo la incursión en el rock sinfónico por parte de Mario Daly y Luis Molina, quienes fusionaron sonoridades del rock, el jazz, la música de concierto y la experiencia musical cubana.

Otro producto memorable fue la primera ópera rock escrita en la Isla, Violente, creada por Edesio Alejandro y también por Mario Daly. Según la investigadora Liliana González, en la obra se conjugan diferentes estilos de rock, como el sinfónico y el heavy metal, con baladas y ritmos populares de actualidad como el break-dance, más elementos capitales de la música cubana, sobre todo de antecedentes africanos.

Continuará...


Compartir

Carol Muñoz Nieves

Licenciada en Periodismo desde 2010. Aborda temas relacionados con la juventud cubana.


Deja tu comentario

Condición de protección de datos