domingo, 27 de noviembre de 2022

Coleros leguleyos

Los coleros demuestran amplia capacidad de aprenderse las normas, pero para violarlas...

Félix Arturo Chang León
en Exclusivo 11/11/2022
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Coleros leguleyos
Coleros leguleyos (Alfredo Lorenzo Martirena Hernández / Cubahora)

Si se fuera a redactar un manual de cómo resistir un bloqueo, habría que decir que desde inicios de la década de los años 60 del siglo pasado se adoptó la cola como medida organizativa para enfrentar los efectos de la carestía.

La primera cola que este redactor vio en su vida fue para comprar naranjas en el poblado portuario de Casilda: al llegar el camión se formó un tumulto en el cual los más fuertes se abrían paso y salían victoriosos con su compra, pero inmediatamente después el resto formó una fila.

Esos apuntes también pudieran incluirse en un libro que el viernes pasado anunciamos se titularía Manual para colas y coleros, y que amables lectores sugirieron hacer en dos tomos: uno dedicado a cómo hacer correctamente una cola y el otro sobre las malas mañas de quienes lucran en ella.

Por ser lo más actual, y ojalá que transitoriamente, en esta ocasión abordaremos asuntos de lo que sería el segundo volumen, pues aunque si bien pudieran no ser quienes más daños económicos causen, son innegables sus efectos en la psiquis.

Hay quienes piden iniciar la ofensiva sobre los proveedores de productos antes que contra los coleros porque consideran que lo principal es la fuente de donde salen las mercancías mal habidas, pero hay otros puntos de vista.

Existen argumentos para exigir una operación popular permanente de enfrentamiento y control a quienes desorganizan una cola, lo mismo con fines de lucro que por cualquier motivo, pues estas filas para esperar ordenadamente integran una cultura organizativa que debe conservarse siempre.

Quienes por egoísmo e irrespeto violan lo establecido pueden ser llamados al orden con relativa facilidad, pero harina de otro costal es cuando se trata de quienes tienen la cola como medio de vida sin vínculo laboral ni haber aprovechado las oportunidades de estudiar.

Los llamados coleros son pícaros que comienzan por enterarse de cómo son las normas: ¿Desde qué hora se empieza a hacer la cola? ¿Es por orden de llegada y hay que rectificar cada cierto tiempo? ¿Existe una lista? ¿Reparten ticket con número? ¿Hay algún portero que controle la entrada?

Después de enterarse de las reglas más elementales se colocan tantas veces puedan en la cola y van caracterizando la situación: ¿Se mantienen por lo general en el orden en que llegaron? ¿Las personas se dispersan en busca de dónde sentarse o estar a la sombra?

Por lo general, esos elementos siempre cumplen todo lo reglamentado, incluyendo hasta normas específicas de cada lugar, y suelen exigir que lo establecido se cumpla y se convierten en fieles defensores de esas normas.

Es común verlos con gestos agresivos para demandar el acatamiento de las reglas, alzan molestamente la voz para proclamar cómo hay que proceder legalmente y si alguien expresa una duda o hace una observación, por atinada que sea, el colero lo aplastará con el argumento de que hay que cumplir la ley.

A este tipo de personajes no les conviene la actualización de ninguna norma, pues precisamente cuando se introduce algún cambio es por la necesidad de readecuar para eliminar fisuras que aprovechan los coleros.

En próximos viernes, iremos detallando procedimientos de estos personajillos, de modo que sirvan como denuncia, pero terminamos con la descripción de una de sus tantas prácticas:

Puede haber coleros solitarios, actúan en grupo, aunque no se dirigen la palabra con familiaridad delante de los demás y pueden hasta discutir y pelearse entre ellos, pero como parte de un espectáculo para crear un clima de caos.

Por lo que las personas observan, parece que están a punto de liarse a puñetazos en un pequeño tumulto donde se escuchan las peores ofensas mutuas…

La situación se va aplacando y quizás hasta el resto de la cola haga llamados a la calma que como por arte de magia todo se tranquiliza, pero con el resultado de que en la fila ahora hay más individuos que nunca nadie había visto: son los colados que los coleros introdujeron tras haberles cobrado por colocarlos en situación ventajosa.

En siguientes viernes, tal vez el próximo, volveremos a referirnos a estas malas mañas de los coleros que se saben todas las regulaciones para hacer la cola.  


Félix Arturo Chang León

Periodista cubano de origen chino que nació y vive en Cuba. Santa Clara. Dirigió el periódico Vanguardia durante 16 años.


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