La tarde caía húmeda sobre Birán. Nubes inmensas y grises, preñadas de una lluvia que parecía no tener prisa, se enredaban en las faldas de la Sierra de Nipe. Debajo, entre los caminos de tierra marga, un puñado de jóvenes se preparaba para festejar la vigilia de un hombre que, hace 95 años, le nació al mundo desde este rincón de Oriente.
Este 3 de junio de 2026, Raúl Modesto Castro Ruz cumple 95 años. Pero los números, aquí, son solo un pretexto.
Y es que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) había convocado a una acampada con 95 jóvenes, uno por cada año del General de Ejército. Pero fue imposible decirle que no a otros que deseaban sumarse, y terminaron en el lugar 115. Como si la tierra misma, en un ademán silencioso, anunciara que mucha vida a uno de sus más ilustres hijos.

Los niños de allá abajo
Me llamó la atención que, a pesar de Fidel y Raúl ser referentes para la historia nacional, los pobladores hablan de ellos como los muchachos de Birán, nacidos "allá abajo", un punto geográfico que los sitúa cerca del monte y el río, crecidos entre caballos, gallos finos y gente de a pie.
Raúl escribió en su diario (1953) como “un tramo antes de llegar al entronque de Alto Cedro, mirando hacia la izquierda" divisa el central Marcané"… Hace notar que se queda ensimismado, "con la vista fija en el pensamiento recordando los años de la niñez”. Luego comenta que tuvo que cubrirse el rostro con un pañuelo para no ser reconocido en Alto Cedro pues eran muchas las personas que por allí lo conocían.
Alba tiene, según afirma, "algunos años de más". Mira la tarde desde su portal mientras me habla de sus días mozos, las inquietudes y ajetreos de la época. "La gente se queja hoy, pero aquellos fueron tiempos sin luz espiritual". Sobre los hermanos Castro me dice: “Fidel era más serio. Raúl era un niño jodedor, de esos que andan haciendo maldades. La gente los quería mucho. A pesar de ser de una familia adinerada, a ellos no los educaron como a los niños ricos de las películas, sino como a los niños de Birán. Por aquí andaban jugando con los otros de su edad”.
Pedro, que renquea al andar “porque los años no perdonan”, me comentó como “el niño Raúl andaba con los demás muchachos. Iban al río, jugaban, peleaban gallos. De familia respetada, con dinero, pero tú no notabas eso porque ellos tenían limpieza en el trato, eran otros como cualquiera de aquí”.
Se quita y pone el sombrero y habla muy de prisa Solgen, de 62 años. Busca el libro "Todo el tiempo de los cedros", de Katiusca Blanco, y mueve sus manos sobre las páginas con la misma rapidez de su diálogo: “La Revolución triunfó pocos años antes de yo nacer. Mira, aquí ves a Ángel, su padre, que era como un Dios en la zona. Mis padres me hablaban mucho de él, y de los niños Fidel y Raúl, que vivieron allá abajo",
y señala ese pedazo de tierra al que le nacen, un poco más arriba, despacito las montañas.
- Consulte además: Raúl Castro Ruz: legado de una generación histórica
El deber de los jóvenes
Según la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI), el último dato disponible (2022) indica que el poblado de Birán, en el municipio de Cueto, provincia Holguín, cuenta con 1,522 habitantes. De ellos, algo más del 30% son menores de 30 años.
Dairon tiene 21 años y vende pizzas. Es graduado de Geografía. “Mi familia me habló mucho de ellos. En este pueblo, que no sucede casi nada, que dos muchachos de hayan logrado hacer tanto es de reconocer".
José Ernesto, joven profesor, mira distinto: “Yo no creo que ellos hicieran algo grandioso. Pelear contra una dictadura por el bien de muchos es el deber de los jóvenes. Yo también lo hubiera hecho. Y viendo cómo van las cosas con los yanquis, que se enteren que Birán tiene más hijos que aportar a la lucha”.
A 20 años de edad no llega Fide. "Mi padre se llama Fidel, mi abuelo también. Mis primos se llaman Raúl Ernesto y Raúl Fabián". A mí no me interesa la política. Pero Fidel y Raúl son como otros más del pueblo. Gente que vivió aquí y que podrían pasar a saludar de un momento a otro”.
El mejor discurso
Tres instructores de arte, recién graduados, hablan con animosidad de su profesión. “Nosotros hacemos nuestras obras, ella su música, ella sus coreografías y yo mis puestas en escena”. Jóvenes que desde esta zona apartada del oriente cubano han estudiado para salvar el espíritu. "Nos gusta mucho lo que hacemos. Hemos venido a este sitio a pasarla bien, es el cumpleaños de Raúl y lo festejaremos pasándola bien entre nosotros".
Y allá, en el río, los jóvenes cantan. Nadie pregunta por la hora de la comida ni por la conexión. Hay un deseo de estirar la tarde hasta más no poder. Como si supieran que esta tierra, la misma que vio correr a los niños Fidel y Raúl, sigue renovándose cada vez que un joven decide ser feliz pese al ajetreo cotidiano. "Ya tendremos edad para preocuparnos. Ser joven es ponerse el reto constante de ser feliz a pesar de todo", me comenta Amanda, de 24 años.
La noche cayó sobre Birán. Hubo guitarra, baile y poesía. Estoy seguro que los más escépticos pensaron que de un momento a otro alguien aparecería con un discurso de esos que se leen en los homenajes. Serio y abundante en adjetivos. Pero aquí no hubo mayor discurso que el del arte, que ha probado ser eficaz y hermoso. Habían jóvenes bailando y cantando hasta bien entrada la madrugada. Un "viva Raúl" se escuchó estremecedor. Más de 100 voces diciendo a una sola voz su mejor elogio para el cumpleañero: la vida.

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