El mes de enero en Cuba no es solo el inicio de un nuevo calendario; es la reactivación de la memoria viva de la nación. Al cumplirse 67 años del triunfo de la Revolución, el paso de la Caravana de la Libertad ha vuelto a recorrer la columna vertebral de la isla, desde la heroica Santiago hasta el occidente, demostrando que aquel trayecto liderado por Fidel Castro Ruz en 1959 no fue un evento estático, sino el comienzo de un movimiento que aún late en las nuevas generaciones.
En este 2026, la reedición de la gesta adquiere un matiz de profunda relevancia histórica y geopolítica. Celebrada en el marco del centenario del líder histórico, Fidel Castro, la caravana ha servido para ratificar la soberanía nacional y, simultáneamente, para alzar una voz unánime de solidaridad internacional frente a las agresiones externas que enfrenta la región.
La ruta comenzó, como dicta la historia, en Santiago de Cuba. Presidida por las máximas autoridades del Partido y el Gobierno, la partida fue una "pedagogía sobre ruedas". Representantes de las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) emprendieron el viaje de más de mil kilómetros, convirtiendo cada parada en un acto de reafirmación.

En Granma y Las Tunas, la historia se sintió como una fuerza viva que recorre la Carretera Central. En Bayamo, frente al primer Ayuntamiento libre de Cuba, se recordó que la Revolución trajo consigo la dignidad de la tierra y la escuela. Los discursos de los dirigentes juveniles subrayaron que las conquistas actuales —el médico de la familia, el maestro, el científico— son la materialización de los sueños mambises y rebeldes.


Al llegar a Camagüey, el 4 de enero, la Plaza de la Libertad se convirtió en el epicentro del fervor revolucionario. Allí, jóvenes como la diputada Laura Mariam Bacallao recordaron que, aunque la paz y la legalidad han sido los pilares de la construcción patria, la sombra del imperialismo persiste. El acto en la ciudad de los tinajones no solo celebró los logros en salud y educación, sino que fue una tribuna firme contra la injerencia estadounidense en la República Bolivariana de Venezuela.
"Venezuela no está sola", resonó en las plazas cubanas, vinculando la lucha por la autodeterminación de 1959 con la resistencia actual de los pueblos latinoamericanos ante las amenazas externas.

En Villa Clara, la evocación del 6 de enero recordó aquel "Día de Reyes diferente" donde Fidel, desde el antiguo edificio del Gobierno Provincial, estableció un nuevo estilo de mando: el de escuchar al pueblo antes que hablarle. Las autoridades locales enfatizaron que rememorar la entrada de los "barbudos" a Santa Clara es vital para que los "pinos nuevos" comprendan el presente y aseguren el futuro socialista.

Continuidad y Solidaridad Regional
Un elemento distintivo de esta 67.ª edición ha sido la entrega de carnés de la UJC y el Partido a cientos de jóvenes destacados. Este relevo generacional, calificado por los participantes como la "columna de la continuidad", asegura que el legado de los combatientes históricos, como los homenajeados en Camagüey y Santiago, permanezca vigente.
La Caravana de la Libertad de este año ha dejado claro que Cuba no olvida sus raíces ni a sus hermanos. El rechazo a las acciones contra el gobierno constitucional de Venezuela y el secuestro de sus líderes fue un tema recurrente en cada provincia.
La unidad regional se presentó como la única salvaguarda ante los "viejos guiones" de agresión imperial.
La reedición de la Caravana de la Libertad no es un ejercicio de nostalgia, sino una puesta en escena de la memoria nacional. Al recorrer los mismos pueblos que en 1959 recibieron a Fidel con flores y lágrimas de júbilo, los cubanos de hoy reafirman que la Revolución es un proceso constante.
A pesar de los desafíos económicos y el bloqueo, el espíritu de aquel enero fundacional permanece intacto. Como se dijo en las plazas de Holguín y Matanzas, la caravana continúa demostrando que algunas rutas, las que marcan el destino de los pueblos, nunca llegan a su fin; se repiten y se transforman para que nadie olvide el punto de partida ni el compromiso con la libertad absoluta.

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