domingo, 27 de noviembre de 2022

Motomami: ¿la Fountain de Rosalía? (III)(+Videos)

La española subvierte la música mainstream y la lanza hacia nuevas expansiones...

José Ángel Téllez Villalón
en Exclusivo 25/10/2022
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Rosalia-cantante
Rosalia-cantante

“El arte debe ser como ese espejo/ que nos revela nuestra propia cara” apuntó  el gran poeta argentino Jorge Luis Borges, en su  “Arte poética”.  Y eso es  en gran medida Motomami, las caras de Rosalía reflejadas en un disco; la de una mujer,  amante de Rauw Alejandro, ciudadana  de  un mundo globalizado y postmoderno, la de una artista que sabe lo que quiere. Es un disco hijo de su tiempo, el del caos,  de la banalización y Tik Tok.

El tercer álbum de la española resultó  ser  el más personal de sus propuestas  discográficas.  Y como parte de  esa cualidad  autoreferencial, peculiar “arte poética” de la catalana. Sin muchas pretensiones, menea, hasta romperlas, manidas fórmulas del éxito,  des-construye al reguetón   y a la bachata mainstream. Pone  a temblar  aquello que distingue lo que es literatura  y  lo que es jerga,  poesía y técnica, creación y (re)producción.

No llegará  a las  alturas crípticas  de otros poetas “clásicos”, para responder  a las preguntas inauguradas por Horacio sobre ¿Qué es la poesía? ¿Qué puede y debe hacer? ¿Cómo y por qué escriben los poetas?  Pero sí que las responde, a su manera; tal como planteara Archibald MacLeish: “Un poema no debería significar/Sino ser”. Un cuarto de las  canciones de Motomami, son los apuntes de una artista con interrogantes  equivalentes, las de los juglares de  hoy,  cuando cobran auge fenómenos como el shitposting, el kitsch y el collage.

¿Qué es la fama? ¿Qué es un hit de música urbana  y cómo se  prepara? ¿Hay que repetir los mismos acordes? ¿Hay que recargarlos con  timbres electrónicos? ¿Puede mezclarse jazz y reguetón? ¿Hay que cantar muy mal  para usar autotune? ¿Un disco debe ser un paquete de  singles   exitosos? ¿Puede componerse una balada sobre el sexo, sin resultar  pornográfica? ¿Lo erótico tendrá que trasvasarse en lo vulgar y explícito del trap más corriente?

Aunque, como afirmó  Diego Ortiz de Rolling Stone en Español, “al terminar de escucharlo deja más preguntas que respuestas”.

“La Fama” es la mejor  muestra del “arte poética” de Rosalía. Precisamente, fue el  primer sencillo  de Motamami. La  bachata, interpretada junto  al productor y cantante canadiense  The Weekend  y  lanzada a finales de 2021, es testimonio vital en el que Rosalía desgrana las luces y sombras de su ascenso fulgurante al Olimpo de los famosos. “Es mala amante la fama y no va a quererte de verdad / Es demasia’o traicionera, y como ella viene, se te va / Sabe que será celosa, yo nunca le confiaré”, repite como estribillo.

En “Diablo”, Rosalía se quita todo lo accesorio y se muestra tal cual es. Representan a la perfección la locura de ser famosa; a la vista de adoradores y haters,  centro de las columnas amarillistas y de polémicas con otras estrellas de la farándula. Ella puede ser lo que quiera y cuando quiera, no lo que la gente le exija o le reclame; “yo me transformo, yo soy muy mía, soy toa' las cosas”, declara en Saoko

La española perece estar  consciente de que nada “nunca te dura”, ni la juventud,  ni la fama. “Flor de sakura / Ser una popstar nunca te dura”. Así lo canta entre gritos de aclamación en la popular “Sakura”, la mejor coda que podía tener Motomami.

Tales  cuestionamientos no son solo discursivos,  de manera  explícita o  en   frases; además son aludidos a través de la producción. A veces,  son referidos  mediante los  recurrentes contrastes entre lo “moto” y lo “mami”  que caracterizan el disco, ya en un mismo tema,  o entre una pista y otra.

En “La fama” sustituye las cuerdas típicas de la balada   por un chop de su voz. En “Saoko” hace explotar la estructura “clásica del reguetón y hasta experimenta la mezcla regatón y  jazz.  En “Candy” monta su voz sobre una caja mínima filtrada y sin bajo. Arma  “Cuuuuuute”, con una samba tecnológica, con beat y samples, para mover la cintura,  y un final lírico de mariposas,  para reclamarnos mirar las cosas maravillosas que hay en la realidad. Las mariposas están ahí, y el mayor artista de todos es el que ha hecho esa realidad: “El mejor artista es Dios”.

Hay más que una evasión  superficial y tiktotera en “Chicken Teriyaki”. Es otro reguetón minimalista, con un chop de su propia voz,  un bajo en algunos momentos y repetitivas onomatopeyas crea la base. Rosalía subvierte los patrones característicos del género y propone nuevas maneras.

De tal manera  responde a la  pregunta de si lo que “hace a un género es su envoltorio, la estructura y los timbres empleados, el llamado delivery, los temas, la fraseología o la vestimenta de sus intérpretes. En tal sentido afirma  en “Bulerías” que es “igual de cantaora vestida de Versace que vestidita de bailaora”.

El propio minimalismo del disco es parte de este cuestionarse los artificios, los ornamentos no esenciales que resultan en muchos casos  lo único que distingue un tema exitoso de otro.  Casi todas las canciones constan de un instrumento “tratado” (dos, en ocasiones) y sobre este su voz. Una voz desnuda, como Rosalia en la carátula del álbum,  sin más ropajes ni  tratamientos que el necesario.

Como le confesó al músico y youtuber Jaime Altozano, llegó a grabar incluso dos versiones con elementos de cuerda, pero que finalmente tomó la decisión de eliminar los artificios. “Quería 'pelar' capas, ir a la esencia dentro de lo posible. A veces las canciones, en sus versiones iniciales, tenían muchas capas y demasiada instrumentalización, por lo que se perdía el feeling. Así que pasé casi un año trabajando la producción para ir 'pelando' las canciones”.

Uno de los contrastes más significativos es el que nos presenta  en “G3 N15”; entre  la cercanía íntima  y afectiva de la casa de familia y la “expansión anodadora” (dixi Martí) y efectista de ciudades cosmopolitas  como  Los Ángeles. Al plantear que la tristeza derivada de la separación familiar no se cura rodeándose de las estrellas que habitan el suelo y el cielo de esa ciudad.

En enero pasado, la cantante  publicó en TikTok un breve clip de "Hentai", en el  que se  mostraba posada en el pico de una montaña en algún lugar, cubierta por la nieve que caía (¡Vaya contraste con las calentura que iba a provocar!). Anuncio de otras yuxtaposiciones, entre la delicadeza de la música y la cálida voz de Rosalía con la provocativa letra y esas añadiduras ruidosas, cual  metralletas al  estilo Arca que irrumpen al final. Una melodía de ensueño enarbolada sobre un piano, una balada “digna” de unos versos de “altura”.  Un tratamiento “otro”  a un tema raptado por el trap y el reguetón más grosero. Una letra demasiado  explícita para algunos, pero con saltos  poéticos que lo aleja  del lenguaje  soez  y directo que se ha vuelto moda, también en la voz de otras famosas.

Para la periodista y escritora Isabel Navarro,  Rosalía es una poeta de su tiempo, como lo fue Lorca. "Creo que es una enorme artista y la caracteriza esa osadía y esa capacidad de radar de que está pasando en el mundo. Y lo que está pasando en el mundo es que el lenguaje está cambiando, que cada vez todo es más híbrido, una alusión a otra cosa, ella hacer lenguaje, que es lo que hacen los poetas ". Y como el poeta granadino, nos comparte con sus propios  lenguajes y tropos las notas de sus viajes.

Los 16 temas de Motomami desafían los estereotipos que circulan sobre los géneros musicales que predominan en las bandas sonoros de los más jóvenes. Son presentados de nuevas maneras y mezclados, con un resultado que es mucho más  que la suma de sus partes. Rosalía mezcla las raíces tradicionales, la ambición global y la tecnología del siglo XXI para crear algo completamente moderno”, como bien se plantea en  el Wall Street Journal.

Lo hace quien ha triunfado en los últimos tres años con una  faceta “gosona” y aparentemente superficial,  con “palos” como “Con Altura”, con J Balvin,  “La noche de anoche”, con Bad Bunny, y   “Yo x Ti, Tu x Mi”, con Ozuna. Una famosa que no se casa con la fama, que mantiene el compromiso  con los discos conceptuales y  siente “la responsabilidad de lanzar un álbum coherente, que tenga sentido; uno en el que las canciones se enlazan y comparten una esencia”.

Lo consigue una creadora con amplia posibilidades, que se ha preparado para tales incursiones, que sabe tocar la guitarra y el piano, virtuosa con su mejor  instrumento, las cuerdas vocales; que hizo estudios superiores en el  Taller de Músics  y  fue a la Escuela Superior de Música de Cataluña. Quien ha seguido formándose desde entonces, haciendo acompañar con los mejores productores. Apta y motivada a lanzar la música hacia nuevas expansiones, para  experimentar sin prejuicios, para conectarnos con nueva fuente  de expectativas, sobre el disco que vendrá.


José Ángel Téllez Villalón

jaatellez@infocubarte.cult.cu

Periodista cultural


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